De vez en cuando uno encuentra cosas desagradables por la red y una de las que me entristece es la enconada lucha entre los seguidores de cada distribución Linux. ¿Por qué esa animadversión entre nosotros?, no tiene ninguna lógica puesto que el enemigo es otro.
Está bien bromear sobre las preferencias de cada uno pero si las chanzas salen del ámbito estricto de la confianza entre amigos se convierten en un problema. A veces leo comentarios acerca de lo bonita que es mi distro y lo malas que son las otras, llegando incluso a graves descalificaciones nacidas usualmente de la ignorancia, es como si el hecho de tener una preferencia personal invalidara automáticamente al resto. Resulta desesperanzador ver como perdemos nuestro tiempo en labores destructivas, deberíamos ser más tolerantes o, al menos por educación, obviar ciertos comentarios subjetivos.
En el fondo estamos hablando de diferentes marcos para el mismo cuadro -el Software Libre- que nos concede una serie de garantías esenciales como usuarios. Definitivamente el enemigo no es un "sabor" diferente de GNU/Linux.
Nuestra lucha es contra aquellos que nos niegan nuestros derechos, los que pretenden monopolizar el conocimento y convertirlo en moneda de cambio, los que exigen un precio por hacernos arrendatarios de algo que no podemos estudiar, mejorar ni usar libremente.
El conocimiento humano es acumulativo, cada generación se apoya en los avances de la anterior para ir un poco más allá, y todo lo que coarte la libertad de acceso a esa información es malo. Nunca la humanidad ha vivido mayor oscurantismo que en las épocas en las que más difícil ha sido el acceso al conocimiento. Es sabido que para manipular y controlar se necesita restringir el pensamiento crítico, y la mejor forma de evitarlo es monopolizar el saber en manos de unos pocos.
Ese debe ser el centro de nuestros esfuerzos, no discutir nimiedades como si "mi distro es más grande que la tuya".
Estoy convencido que la necesidad de pertenencia a un grupo es inversamente proporcional al grado de madurez personal, hay quienes necesitan identificarse con un colectivo quizá por carecer de criterio propio (es una opinión personal mía y por tanto criticable). El problema viene cuando esa "identificación" es llevada al extremo y nos hace descalificar visceralmente todo lo ajeno a él. La crítica fundamentada y constructiva es esencial para el progreso pero se convierte en algo odioso cuando caemos en razones subjetivas o interesadas.
El modelo colaborativo confiere al desarrollo del Software Libre un proceso evolutivo diferente a lo acostumbrado, no se rige por leyes de mercado o decisiones empresariales sino más bien por la necesidad real de los usuarios. Es éstupido enzarzarse en inútiles discusiones sobre preferencias particulares cuando nosotros mismos, los usuarios, provocaremos la desaparición o el auge de un proyecto.

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